25 de febrero de 2024

¿Cómo mantener un cerebro saludable durante el aislamiento por COVID-19?

Si bien el aislamiento social, preventivo y obligatorio es necesario para controlar la pandemia por COVID-19 desatada en el mundo y que en Argentina tiene en estos días la mayor tasa de contagios y muertos, también puede llevar a descuidar ciertos aspectos fundamentales para la salud cerebral, como la buena alimentación, la actividad física, los controles médicos y la socialización en general.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), actualmente cientos de millones de personas en todo el mundo sufren de trastornos neurológicos. Alrededor de 6 millones de personas mueren cada año por accidentes cerebrovasculares (ACV), más de 50 millones tienen epilepsia y 47,5 millones padecen demencia, siendo la enfermedad de Alzheimer la causa más común. Datos a tener en cuena hoy, una fecha especial por celebrarse el Día Munidal del Cerebro.

consejos útiles que debemos tener en cuenta para prevenir las patologías cardíacas, accidentes cerebrovasculares y el deterioro cognitivo:

– Controlar la presión arterial: la presión arterial debe mantenerse por debajo de 120/80 mm. Uno de los pilares fundamentales para prevenir la hipertensión es moderar el consumo de sal y alcohol, hacer ejercicio de manera regular, reducir el estrés y dejar de fumar. También es importante beber mucha agua.

– Mantener estable los niveles de colesterol: el colesterol debe estar por debajo de los 200mg/dL en sangre. Para lograrlo, se recomienda reducir el consumo de alimentos de origen animal, prescindir de la comida “chatarra”, apostar por los frutos secos, los granos enteros, las frutas y los vegetales, así como también por el pescado y el aceite de oliva.

– Mantener estable la glucemia: la dieta y el ejercicio son dos factores fundamentales para mantener estable la glucosa en sangre. Por ejemplo, es importante consumir alimentos proteicos, desayunar y elevar las cantidades de fibra de la dieta, además de estar bien hidratado.

– Ser físicamente activo: distintas investigaciones han puesto de manifiesto los beneficios del ejercicio para desarrollar la capacidad de resolver conflictos, detectar errores, planificar y poder realizar varias tareas a la vez e, incluso, aumentar el volumen de la estructura cerebral, clave para la memoria.

– Consumir una dieta saludable: la alimentación influye en numerosos aspectos de la salud. La clave para llevar una dieta sana es que sea variada e incluya alimentos de los distintos grupos de la pirámide nutricional. También debe ser equilibrada- comer cantidades moderadas y seguir un horario regular de comidas- e incluir al menos cinco comidas diarias.

– Mantener el peso: el exceso de peso o la obesidad es una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud y el cerebro. Además, se estima que las personas obesas o con sobrepeso tienen un 35 por ciento más de probabilidades de padecer Alzheimer.

– Dejar el tabaco: el humo del tabaco no sólo daña los pulmones y el corazón, también afecta al cerebro. Las personas fumadoras sufren un adelgazamiento de la corteza cerebral, lo cual provoca envejecimiento y disminución de la inteligencia.

– Seguir aprendiendo y desafiar al cerebro: continuar la educación puede ayudar a reducir el riesgo de declive cerebral y demencia. Asimismo, también es importante hacer actividades que nos obliguen a pensar, ya sea armar un rompecabezas, crear construir algo para la casa o jugar a algún juego de mesa.

– Mantenerse sociable: se ha mostrado que las personas que tienen una vida social activa también tienen cerebros más activos y sanos. En un contexto de aislamiento se recomienda mantener el contacto nuestros afectos a través de videollamadas, redes sociales y otras tecnologías de la comunicación.

independientemente del estadio de la enfermedad, el encierro por la cuarentena y el aumento del estrés impactan negativamente en la salud de todos, pero muy especialmente en quienes tienen un padecimiento grave, ya que a la incertidumbre de su propio estado, se le suma la angustia de la población general, con el temor a no poder recibir el tratamiento necesario.

La detección temprana

La ocurrencia de tumores cerebrales es en promedio de 20 cada 100.000 personas con un pico de edad en la infancia y otro en los adultos mayores. No hay una estrategia de prevención, pero si hay una estrategia de diagnóstico temprano.

Como habitualmente los síntomas neurológicos son progresivos, el prestar atención a algún déficit en nuestras funciones es el primer paso para una consulta temprana. Pérdida progresiva de fuerza en brazo o pierna, inestabilidad en la marcha y convulsiones son algunos de los tantos signos o síntomas que nos deben llevar a la consulta.

Tenemos que estar atentos a los cambios de carácter de personas allegadas, entendiendo que como la localización más frecuente de los tumores es el lóbulo frontal, los cambios de humor y de ‘forma de ser’ son un síntoma importante, que debería promover una consulta médica.

Tratamientos

Los tumores cerebrales pueden ser de tipo primario, es decir, se originan de la degeneración de estructuras propias del cerebro o sus envolturas (meninges) o bien ser desprendimientos de un tumor en otra parte del cuerpo (generalmente pulmón, mama o melanoma de piel) que genere una metástasis a nivel cerebral, que se lo conoce como tumores secundarios.

Los tumores primarios tendrán un grado diferente de malignidad según la capacidad de reproducción de sus células y la localización dentro del cráneo. Los tratamientos que pueden ofrecerse es en primer lugar la cirugía, con distinto grado de posibilidad de resección de la masa tumoral, que en caso de ser total, acerca a la posibilidad de tratamiento curativo definitivo en muchos casos.

Puede ser con técnicas de abordaje directo del cráneo o bien por técnicas de rayos gamma, que permite destruir lesiones cerebrales sin necesidad de invadir la cavidad. Según la estirpe del tumor, y en caso de ser necesario, la quimioterapia o la radioterapia son medidas terapéuticas ya conocidas. En algunos casos, el tratamiento inmunomodulador, es otra buena herramienta. Siempre es el profesional quien sugiere la mejor estrategia a medida de cada caso.