13 de abril de 2024

El alcohol ¿fija las grasas?

Esta es una de las grandes preguntas que se hacen muchas personas, y lamentablemente su respuesta es que no.

Esto es un mito.

Una falsa creencia que circula desde hace muchísimo tiempo y que carece de evidencia científica.

Pero es una buena pregunta que nos da pie para que pensemos:

¿Adónde van las calorías vacías -refiere a que no aportan ningún nutriente- que aporta el alcohol?

Esto también ya quedo demostrado que, durante la pandemia, aumentó considerablemente el consumo de bebidas alcohólicas.

La pandemia del coronavirus llevó a cientos de miles de personas a estar confinados y realizar cuarentenas para evitar la propagación del virus SARS-CoV-2. Como consecuencia de esto, las personas debieron estar aisladas en sus casas y encerradas para así evitar colapsos sanitarios.

Según un estudio publicado por el American Journal of Drug and Alcohol Abuse, el consumo nocivo de alcohol entre los adultos aumenta cuanto más tiempo pasan en casa encerrados. La investigación, revisada por pares y basada en una encuesta de casi 2.000 mayores de 18 años de Estados Unidos, es la primera en resaltar la relación a nivel nacional entre el consumo peligroso de alcohol y el estrés vital desencadenado por la pandemia de COVID-19 y los confinamientos asociados.

Los hallazgos muestran que las probabilidades de consumo excesivo de alcohol entre los bebedores compulsivos (aquellos que, en dos horas, consumieron cinco o más bebidas para los hombres y cuatro o más para las mujeres) aumentaron un 19% adicional por cada semana de encierro. Las probabilidades de una mayor ingesta de alcohol en general para los bebedores compulsivos eran más del doble que las de las personas que no bebían en exceso (60% frente a 28%), especialmente aquellas con depresión o antecedentes de la enfermedad.

Según las respuestas de la encuesta, los investigadores categorizaron a los participantes como bebedores compulsivos, bebedores no compulsivos y no bebedores compulsivos. Entre los factores analizados se encuentran la duración del encierro, la cantidad de adultos o niños con los que vivían, los episodios actuales o anteriores de depresión y el estado laboral relacionado con el encierro, como la disminución del salario.

En promedio, todos los encuestados habían estado encerrados durante cuatro semanas y pasaban 21 horas al día en casa, y la mayoría (72%) no iba a trabajar. En general, casi un tercio (32%) de los participantes informaron beber en exceso durante la pandemia y los bebedores en exceso aumentaron su consumo. Sin embargo, quienes no bebían en exceso consumían aproximadamente la misma cantidad de alcohol que antes del encierro.

Si lo ponemos en contexto nutricional, cuando las personas consumimos bebidas alcohólicas en exceso, estamos consumiendo también una cantidad de energía extra, que nuestro cuerpo almacena como grasa. Cuando el organismo detecta que le “sobra combustible”, guarda para cuando no haya. Y guarda en forma de tejido adiposo: grasa.

El hígado, es el encargado de metabolizar el alcohol y cuando lo detecta, entiende que es una sustancia de la que se tiene que ocupar lo más rápido y eficaz posible. Cuando una célula hepática obtiene la suficiente energía por parte del alcohol deja de utilizar los combustibles energéticos habituales, por lo tanto, le va a sobrar energía y es ahí donde decide almacenarla en el tejido adiposo.

El hígado puede empezar a saturarse, perder gradualmente sus funciones transformándose en un hígado graso o “esteatosis hepática” que es una condición muy seria, que, si no es tratada a tiempo, puede conducir a una cirrosis

El hígado puede empezar a saturarse, perder gradualmente sus funciones transformándose en un hígado graso o “esteatosis hepática” que es una condición muy seria, que, si no es tratada a tiempo, puede conducir a una cirrosis

Entonces, para ser más claros con respecto a ese mito: el alcohol no fija la grasa, ayuda a producirla porque este tipo de bebidas contienen una gran cantidad de calorías, que consumimos muchas veces casi sin darnos cuenta o incluso acompañadas de alimentos altos en grasa que, y si es parte de nuestro patrón alimentario, puede llegar a sumar bastante.

Incluso, en casos extremos, el hígado puede empezar a saturarse, perder gradualmente sus funciones transformándose en un hígado graso o “esteatosis hepática” que es una condición muy seria, que, si no es tratada a tiempo, puede conducir a una cirrosis.

Por lo tanto, presta atención a la cantidad de bebidas alcohólicas que consumís y si crees que lo haces en forma excesiva y te cuesta mucho disminuir la cantidad, no dudes en pedir ayuda.