20 de marzo de 2026

Mañana 15 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Linfoma, fecha para difundir sobre sobre este tipo de cáncer que afecta al sistema linfático.

La iniciativa fue impulsada por la Coalición Linfoma, una organización internacional dedicada a mejorar la vida de los pacientes con linfoma, proporcionando educación, apoyo y recursos.

Qué es el linfoma?

Es una forma de cáncer que se origina en los linfocitos, un tipo de glóbulo blanco que juega un papel crucial en el sistema inmunológico del cuerpo.

Cuando estos linfocitos se transforman en células malignas, pueden crecer de manera descontrolada, acumulándose en los ganglios linfáticos y otros tejidos del sistema linfático, como el bazo.

Este cáncer se divide en dos grandes categorías: linfoma de Hodgkin y linfoma no Hodgkin, siendo el segundo mucho más común.

¿Cómo se origina?

Comienza cuando un linfocito, ya sea un linfocito B o T, sufre una mutación en su ADN.

Estas alteraciones genéticas provocan que la célula no responda a las señales normales de crecimiento y división, lo que lleva a su proliferación descontrolada.

Las causas específicas del linfoma son difíciles de identificar, pero existen ciertos factores de riesgo que pueden aumentar la probabilidad de desarrollar esta enfermedad, como:

  • Infecciones por ciertos virus (como el virus de Epstein-Barr o el VIH).
  • Exposición a químicos tóxicos.
  • Un sistema inmunológico debilitado o comprometido.

Síntomas del linfoma

El linfoma puede presentar varios síntomas, aunque en muchos casos sus manifestaciones iniciales pueden ser confundidas con otras afecciones menos graves. Los síntomas comunes incluyen

  • Inflamación de los ganglios linfáticos (en el cuello, axilas o ingles) que generalmente no es dolorosa.
  • Fatiga persistente.
  • Fiebre sin causa aparente.
  • Pérdida de peso inexplicable.
  • Sudoración nocturna excesiva.
  • Picazón en la piel.
  • Dolor o malestar en el pecho, tos o dificultad para respirar, si los ganglios inflamados están cerca de los pulmones.

Tratamiento y pronóstico

El tratamiento del linfoma varía según el tipo y el estadio en el que se diagnostique la enfermedad. Las opciones más comunes incluyen:

  • Quimioterapia, que utiliza medicamentos para destruir las células cancerosas.
  • Radioterapia, que emplea rayos de alta energía para reducir los tumores.
  • Inmunoterapia, que ayuda al sistema inmunológico a combatir el cáncer.
  • Trasplante de médula ósea o de células madre, en casos más avanzados.

El pronóstico para los pacientes con linfoma ha mejorado significativamente en los últimos años, gracias a los avances en el tratamiento. Aunque algunos tipos de linfoma pueden ser más difíciles de tratar, muchos pacientes, especialmente aquellos con linfoma de Hodgkin, pueden lograr una curación completa o una remisión prolongada con un tratamiento adecuado. Sin embargo, el linfoma no Hodgkin presenta una mayor variedad de subtipos, lo que hace que el pronóstico y la respuesta al tratamiento varíen considerablemente.